En 2016 me mudé por primera vez a una ciudad nueva, para comenzar la universidad. A los 17 empezar desde cero daba miedo, pero poco a poco fuí encontrando a los que ahora considero mis mejores amigos y mi lugar seguro.
Los martes los nombramos como “martes de comida familiar”, esos días elegíamos una casa, comprábamos los ingredientes y preparábamos la comida.
Compartimos noches de desvelo para estudiar, risas, logros, momentos difíciles, fiestas y situaciones que nos convirtieron en familia.
Es bonito ver cómo hemos evolucionado y aunque ahora estemos lejos seguimos apoyándonos.
Puedo confirmar que estamos formados por aquello que amamos, y tengo mucha suerte de las personas que la vida puso en mi camino.